(2013) ‘Toilette’: La higiene a finales del siglo XIX en el Museo Cerralbo

Hace unos años el Museo Cerralbo presentó una interesante exposición dedicada a la ‘Toilette’: La higiene a finales del siglo XIX . Fue producida por la Subdirección General de Promoción de las Bellas Artes del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y presentaba piezas del propio Museo Cerralbo, del Museo del Traje y de una colección privada. La comisaria de la misma fue Cecila Casas.

Cecilia Casas
Cecilia Casas, comisaria de la exposición

 

La palabra ‘toilette‘ no designa solamente el aseo personal, sino también todo aquello relacionado con el aderezo personal como el vestuario, la joyería, el maquillaje o el peinado. También se utiliza para designar el espacio dentro de la casa en que se realizan las actividades relacionadas con este aspecto de la vida diaria.

La exposición recreaba tres ambientes típicos de finales del siglo XIX: el cuarto de aseo como tal, un tocador femenino y una zona de aseo dentro de un dormitorio.

Gracias a las innovaciones como el agua corriente, los calentadores, etc. el aseo pasó a ocupar una parte importante en la vida del siglo XIX. Al contrario de lo que solemos pensar, se le daba gran importancia a la higiene e, incluso desde el punto de vista médico, se animaba a la población a seguir unas costumbres higiénicas adecuadas.

Durante largo tiempo convivieron costumbres anteriores con las innovaciones. Por ejemplo, aun contando con un grifo en el baño, el agua se recogía del mismo para después verterlo en una pila para lavarse. Generalmente el aseo diario se hacía lavándose por zonas. El baño se hacía una vez por semana. Hemos de pensar que las bañeras tenían que ser llenadas con cubos de agua caliente. Evidentemente estamos hablando de costumbres entre la gente acomodada que contaba con personal de servicio que se ocupaba de estos menesteres.

Aseo en el dormitorio

El agua corriente no llegaba hasta las habitaciones, de manera que en los dormitorios solía haber un aguamanil, palabra que se refiere tanto a la jarra como a la palangana, donde se lavaban. Había retretes portátiles, parecidos a  taburetes, con un agujero que eran luego vaciados por el servicio.

Toilette - Museo Cerralbo
Objetos de aseo para el dormitorio con retrete portátil, aguamanil y mueble de afeitado

 

Se daba gran importancia al afeitado en los caballeros que contaban con utensilios muy variados para este quehacer. Por ejemplo podemos ver en la foto superior a la derecha un espejo barbera con espacio para guardar los utensilios del afeitado.

Había brochas de afeitar con el mango desenroscable, lo que permitía el uso de recambios de las cerdas naturales. Estos mangos podían ser de marfíl.

Tocador femenino

El tocador solía estar en una habitación separada dedicada al arreglo personal. El mueble tocador servía también como escritorio o costurero. También se dejaban en él las joyas que se iban a utilizar.

En aquella época se pensaba que no era bueno lavarse demasiado el pelo, lo mejor era cada tres o cuatro semanas, por lo que se dedicaba tiempo a su cepillado y se solía aplicar aceite para el cabello. Se utilizaban mucho las tenacillas para rizarlo.

Había que tener unos recipientes para guardar los productos de belleza que se solían hacer en las droguería o se fabricaban en casa.

Toilette - Museo Cerralbo
Tocador femenino con escupidera a la izquierda

Había contenedores de hueso ya que era el material más adecuado para guardar los productos que se hacían en casa, desde el maquillaje, las cremas, lociones hasta los polvos o el  carmín. Con el tiempo fueron imponiéndose las empresas cosméticas con sus productos como la casa Gal, Floralia o L.T. Piver.

La escupidera al lado del tocador se utilizaba para después del enjuague bucal.

Se utilizaban esponjas dentales para dientes más sensibles ya que dañaban menos que los cepillos  hechos con cerdas naturales y también polvos para blanquear los dientes.

Sala de baño

En la fotografía a la derecha vemos parte de  un moderno retrete de porcelana que, como podemos imaginar, no estaba al alcance de cualquiera.

Toilette - Museo Cerralbo
El cuarto de aseo con bidet a la izquierda, bañera, aguamanil y pila con agua corriente y retrete

Aparecieron a mediados del siglo XIX en Inglaterra. Una empresa pionera de estos utensilios fue Doulton. Se utilizaba papel de trapo como papel higiénico. Era caro y, en hogares más humildes, sustituído por papel de periódico.

Como podemos ver el lavabo está bastante más alto que un lavabo normal de hoy en día. Originalmente estaba todavía más alto. Recordemos que no estaba destinado para lavarse, sino para coger el agua. Además desagua en el mismo retrete.

Debajo del aguamanil vemos un cubo que recogía el agua utilizada. Contaba con un dispositivo en la tapa que se cerraba una vez pasada el agua.

Una bañera de cadera y un bidet portátiles que podían llevarse a cualquier habitación donde su uso fuera requerido. El uso del bidet se recomendaba sobre todo debido a las enfermedades de transmisión sexual y para la higiene femenina.

Fotografías: Rafael Castañeda

Toilette - Museo Cerralbo
Espejo de cuerpo entero que permitía constatar que el arreglo era perfecto
Toilette - Museo Cerralbo
Objetos de afeitado
Toilette - Museo Cerralbo
Mueble de afeitado con ‘Sudoral’, el primer desodorante y un paño hecho a mano
Toilette - Museo Cerralbo
Utensilios de higiene de marfíl con las iniciales del Marqués de Cerralbo
Toilette - Museo Cerralbo
Cajita para dentífrico
Toilette - Museo Cerralbo
Cuarto de aseo con aguamanil, pila con agua corriente y retrete de porcelana. En la parte posterior del retrete vemos un objeto de porcelana que servía para guardar el papel higiénico.
Toilette - Museo Cerralbo
Pila con agua corriente

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