‘Dos españoles en la historia: el Cid y Ramón Menéndez Pidal’ en la BNE – I. El códice

Ayer se presentó a los medio la nueva exposición de la Biblioteca Nacional de España: ‘Dos españoles en la historia: el Cid y Ramón Menéndez Pidal’. Asistieron a la misma Ana Santos Aramburo, directora de la BNE, Jesús Antonio Cid, Presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal y Enrique Jerez, comisario de la exposición.

Ana Santos Aramburo, directora de la BNE, Enrique Jerez, comisario de la exposición y Jesús Antonio Cid, Presidente de la Fundacion Ramón Menéndez Pidal. ©Rafael Castañeda

En la Antesala del Salón General se expone el ‘Cantar del mio Cid‘ recogido en el Códice de Vivar del siglo XIV. El códice original podrá verse durante 15 días y después será reemplazado por una edición facsímil. Este texto es considerado como uno de los textos fundacionales de la literatura española. Consta de 64 páginas de pergamino grueso. El poema cuenta en más de 3.700 versos irregulares los últimos años del caballero Rodrigo Díaz de Vivar.

Vida azarosa del códice

Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, murió en 1099 por causas naturales. Su historia fue escrita doscientos años después por un autor anónimo. y copiada por un monje, Per Abat. Esta copia ha desaparecido. La obra no llegó a difundirse hasta 1596 cuando Juan Ruiz Ulivarri realizó una copia del texto. El códice tuvo una vida tan azarosa como su protagonista. Según Ulivarri estuvo en el Archivo del Concejo de Vivar, Burgos. Pasó después al convento de las Clarisas y, en 1776, fue adquirido por un ministro de Carlos III para ser estudiado por Tomás Antonio Sánchez. Gracias a él la obra fue publicada 3 años después difundiéndose no sólo en España, sino también en el extranjero.

©Rafael Castañeda

El códice estuvo desaparecido  casi doscientos años hasta que en el siglo XIX reaparece como parte de la herencia del conde de Santa María pasando después a manos del bibliógrafo Pascual de Gayangos. Para entonces la obra ya había sido reconocida mundialmente y estudiada por expertos. El Museo Británico quiso adquirirla en aquel momento, hecho que Gayangos contó a Pedro José Pidal, historiador y ministro de Narváez que lo compró. Después fue heredado por su hijo Alejandro Pidal y Mon, director de la Real Academia Española y tío de Ramón Menéndez Pidal. La Biblioteca de Washington quiso adquirir la obra, pero Pidal se negó. Posteriormente fue heredada por Roque Pidal que la depositó en una caja fuerte de un banco en Madrid donde estuvo hasta 1936.
El gobierno republicano mandó numerosas obras de arte a Ginebra para su protección durante la Guerra Civil y entre ellas estaba el códice que no regresó hasta el año 1939.
20 años después la Fundación Juan March finalmente compró el códice a la familia Pidal por 10 millones de pesetas y lo donó a la Biblioteca Nacional de España donde ha estado en una cámara acorazada hasta hoy que se exhibe por primera vez.

©Rafael Castañeda

Historia del Cid

Según el catedrático de Literatura Española de la Universidad de Zaragoza, Alberto Montaner, ‘se trata de una obra literaria y no de un documento histórico, ya como tal ha de leerse’. Narra los ‘ultimos años de vida de Rodrigo Díaz  de Vivar desde su destierro (1081) hasta su muerte (1099). Está dividida en tres cantares. Es el único poema épico castellano conservado casi en su totalidad, según Enrique Jerez. En los tres cantares combina aspectos reales y ficticios. Aunque falta la primera página, su contenido es conocido gracias a otros escritos y crónicas de la Edad Media y presenta las características de los cantares de gesta como el Cantar de Roldán francés que tuvo mucha difusion en la época.
Es considerado uno de los textos fundacionales de la literatura española y su estudio coincide con el origen de la filología como ciencia moderna en España a finales del siglo XIX. Esto se debe a que Menéndez Pidal aplicó al texto el método histórico-comparativo que había hecho de la filología una disciplina puntera en Europa.

Jesús Antonio Cid, Presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal durante la presentación. ©Rafael Castañeda

Primer cantar: Destierro y hazañas
El Cid tuvo que luchar siempre contra las conspiraciones que contra él activaban sus enemigos llevados por la envidia y la ambición. En 1801 los musulmanes atacaron por sorpresa el territorio de Alfonso VI. El Cid les hizo frente y regresó al reino toledano con un gran botín y  7.000 hombres y mujeres cautivos.  Esto enfureció al rey que lo condenó al destierro.
Este es el comienzo del primer cantar con la entrada en Burgos del Cid que después continuaría a San Pedro de Cardeña para encontrarse con su esposa, Jimena y sus hijas Elvira y Sol. El Cid encomienda el cuidado de las mismas a la familia del abad del monasterio.
A partir de este momento el Cid comienza una serie de saqueos a los reyes moros. Repartirá su botín entre sus hombres, ofrece limosnas a la Iglesia y regalos al rey. El primer cantar termina con la batalla del Cid contra el conde de Barcelona, Ramón Berenguer, derrotado en la batalla de Almenar (1082).

Segundo cantar: Las Bodas
Se narran aquí la batalla de Jérica y el asedio y conquista de Valencia en 1094 después de haber recuperado la alianza con el rey dos años antes. Además se centra en las bodas de las hijas del Cid con los infantes de Carrión. Aunque la obra es exacta a niveles geográficos y en lo referente a muchos acontecimientos históricos, también incluye aspectos meramente literarios. Por ejemplo, las hijas del Cid se llamaron en realidad Cristina y María y se casaron con el infante navarro Ramiro Sánchez y el conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, respectivamente. No se sabe si los personajes de los infantes de Carrión existieron realmente y si la afrenta fue real.

©Rafael Castañeda

Tercer cantar: Ofensa y vindicación
El Cid prosigue con sus conquistas. Los infantes de Carrión maltratan a las hijas y las dejan abandonadas en el robledal de Corpes donde las encuentra el fiel compañero del Cid, Félez Muñoz.
Enterado el Cid de lo acontecido acude al rey Alfonso VI para demandar a los infantes mediante un desafío en el que tres guerreros del Cid se enfrentan a los infantes. No hay sangre ni muerte. Este hecho es, según Alberto Montaner, uno de las aspectos más originales de la obra, ya que deja atrás los usos del viejo derecho feudal a la venganza privada y da paso al nuevo derecho de finales del siglo XI.
Las hijas se casan con los infantes de Aragón y Navarra.

La exposición puede visitarse hasta el 22 de septiembre 2019 en la Antesala del Salón General (2ª planta). El horario es de lunes a viernes de 09:30 a 20:00 h y  los sábados  de 09:30 a 14:00 h.

 

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