Estado de alarma: Día 2

¿A que ya pensabaís que me había aburrido de escribir? – Pues no. Simplemente ayer era domingo y los domingos los dedico a no hacer nada. Ni siquiera a estresarme por no poder salir de casa. Así que me pasé el día tranquilita, viendo las series de por la tarde que provocan una siesta relajante. Me encantan, porque con que veas el principio y el final te ahorras todo lo de enmedio. Es fantástico.
Además he pensado que debo escribir el día después. El sábado me emocioné tanto que me puse a contar el día sin que hubiera terminado y, claro, se quedaron cosas en el tintero.
Por ejemplo: por la tarde hicimos una llamada a 4 con el whatsapp (que ya me han dicho que lo de whatsup no es correcto ;)). Una experiencia estupenda. Os la recomiendo para pasar un rato hablando con los amigos. Nosotras, entre pitos y flautas, estuvimos hora y media de cháchara, que ya nos vale. Aparte de hablar de todo nos enseñamos las casas que mola un rato. Así que ya sabéis…. a hacer llamadas grupales.
Ayer, como imagino habréis hecho muchos, vimos la comparecencia de los cuatro ministros por la noche: ¡los cuatro jinetes del Apocalípsis! Particularmente me gusto mucho la intervención de Margarita Robles que tuvo la valentía de decir sobre Torra lo que pensamos muchos, porque los demás, ni ‘mu’. No me gusta, en general, hablar de política, porque ya sabemos que es un tema delicado y la gente se mosquea con facilidad. Pero para evitar malentendidos os diré desde el principio que soy totalmente anti-nacionalista, por lo que cualquier medida a eliminar este cancer de la sociedad actual me parece estupendo. Parece que la Historia se ha olvidado con demasiada rapidez y volvemos a las andadas. Asi que: me parece muy mal la actitud de Torra, deleznable el comentario en Twitter de la tal Ponsatí, que mas le valdría estar calladita, y el colmo las declaraciones de la consejera de Salud en Cataluña de que el coronavirus en Igualada era ‘diferente al resto del país’. Aunque igual tiene razón, porque parece que a ellos les afecta al cerebro. Y con esto dejo el tema que me caliento y a ver si me bajan las defensas.
Mi ‘proyecto’ actual (que bonito lo de llamar proyecto a todo lo que hacemos) de limpieza general sigue en marcha. Os tengo que recomendar un artilugio que me compré en Lidl el año pasado. Es como una especie de cepillo eléctrico (parecido al de limpiarse los dientes) con el que puedes acceder hasta los sitios más pequeños. Recuerdo que cuando lo compré pasé unos días completamente enganchada. Me pasaba las horas aparato en ristre cual pistola buscando esquinas que limpiar. Gracias a Dios pude desintoxicarme y ahora lo llevo mejor. Pero, vamos, que hay que tener cuidado porque es adictivo.
Al limpiar uno de los armarios han aparecido un montón de juegos de mesa. ¡Qué pena que se juegue tan poco hoy en día! Recuerdo que cuando era pequeña (y como hija única) jugaba al Monópoly sola, pero como si fuéramos cuatro. Cada jugador era alguien de mi familia y os juro que no hacía trampas. Así a veces ganaba y otras no. Cuéntale a un niño de ahora que juegue solo a Monópoly. Igual te ingresa en un sanatorio mental.
Otra cosa que ha aprecido es un artilugio de madera que se debe ajustar a la mesa, pero no tengo idea para qué sirve. Si alguno lo sabéis, por favor, decidmelo. Más que nada por saber si lo tiro o lo vendo en una subasta.
Hoy no voy a ir a la compra. Ya si eso…. mañana. Y no es que hubiera hecho acopio de comida, es que a primeros de mes compro siempre la carne para todo el mes, cocino y congelo y así no tengo que estar pendiente del rollo de ‘¿qué comemos hoy?’ de todos los días. Solo bajo un momento con mi perra, un carlino extraordinario. Se llama Kyra, tiene 10 años y os podéis imaginar que es la perra más lista y más bonita del mundo. Pero no os engaño. Es así. Cuando bajamos damos la vuelta a la manzana y regreso a casa. Lo malo es que tiene la manía de comerse todo lo que pilla en la calle. Es tan rápida que no te da tiempo a tirar de la correa para

¿Es, o no es, una monada?

apartarla. Así me he dado cuenta de la cantidad de porquería que se tira al suelo. Me hace gracia cuando se quejan de las cacas de los perros, sin ver todo lo demás que pulula por los suelos. Evidentemente las cacas de tu perro las tienes que quitar, pero estoy segura que los mismos que no las recogen son los que tiran las demás cosas. El otro día conté 15 pañuelos de papel en menos de 500 metros. Y no hablemos de las colillas o las pipas. Qué manía con tirar todo al suelo, como si fuera algo normal. Pero, bueno, tampoco nos tiene que extrañar cuando ahora nos están enseñando a lavarnos las manos. Por algo será.
Chicos, os dejo hasta mañana. A ver que nos depara el día 3. Y, por favor: no salgáis de casa.

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