Estado de alarma: Día 36

Hola a todos. Ayer os prometí que iba a hablar de esta foto. Para eso tenemos que remontarnos al siglo pasado. Más concretamente al año 1982. ¡Si! el del Mundial de futbol. A finales del 1981 me informé de dónde había que presentarse para trabajar en el Mundial porque imaginé que necesitarían a alguien con conocimientos de alemán. Y así fue. Parece ser que para una reunión anterior de la FIFA habían contratado a una señora que decía saber alemán. La asignaron al entonces vicepresidente de la FIFA, Herman Neuberger, que era el responsable del Mundial por parte de la FIFA y aquello fue un desastre porque el alemán de la señora debía ser muy

Mi apellido mal escrito, como siempre

rudimentario. Neuberger se quejó, y mucho. Asi le pusieron fama de gruñón, pero en mi opinión tenía más razón que un santo. Si pides una persona que domine varios idiomas es lo que te tienen que facilitar.
Bueno, a lo que vamos. Cuando me presenté no tenían a nadie más con alemán. Después ya vinieron otras. En un primer momento teníamos que estar para el sorteo de los equipos que iban a competir. Era enero. Creo que no tuvimos que hacer nada especial. La verdad es que no me acuerdo. Nos trajeron unos uniformes azules del Corte Inglés. Tuvimos que aprender a movernos por el Palacio de Congresos. Éramos un adorno más que otra cosa. Lo bueno fue que durante esa semana pudimos comer en el restaurante del palacio, donde se comía de maravilla. Y Neuberger esta vez no se quejó.
Estuvimos trabajando sólo una semana. Luego nos volvimos a incorporar en mayo o junio. No me acuerdo. Ahí ya nos tomaron medidas para el famoso uniforme diseñado por Elio Berhanyer. Era un vestido con rayas rojas y amarillas. Zapatos rojos, bolso rojo y gorro blanco. El vestido era muy cómodo, pero tenía un problema. Cómo sólo teníamos uno había que lavarlo todos los días y si no le ponías suavizante, el roce del forro con las medias hacía que se fuera subiendo. Alguna llegó a enseñar el trasero (sin querer), hasta que dimos con la solución. Estuvimos preparando las bolsas de información para la gente de prensa y les atendíamos en un lateral del Palacio de Congresos. Eramos un montón y de todas las edades.
A medida que fueron llegando las personas de la FIFA teníamos que ir a buscarles al aeropuerto. Los más importantes tenían una azafata única asignada. Los primeros días estuvimos casi todo el tiempo en el Palacio de Congresos aprendiendo a movernos por ahí. Era un laberinto. Nos perdíamos una y otra vez.
Habían construído una pasarela que iba del Palacio de Congresos hasta el Bernabéu. Se suponía que era para que los VIP pasaran directamente de un sitio a otro. Al final no se utilizó nunca. Sólo el día de inauguración que hubo un desfile y nos colocaron a varias azafatas sobre la pasarela (debía ser para dar un poco de colorido al tema). Tras el mundial la pasarela se desmontó y una parte da ahora al Hospital Ramón y Cajal. Mañana os cuento el capítulo 2 de esta historia. Ah, en la foto de arriba ¿me véis? No llevaba gafas de sol, sino de esas que se oscurecen con la luz. Ya os he dado una pista.
Por cierto, ayer hice ‘Lenguado a la Meunier’ y me quedó de lujo. Igual me

Patatas a la importancia

dedico ahora a la cocina internacional. Aunque hoy he hecho unas ‘Patatas a la importancia’ que tampoco estaban nada mal. Si no fuera por lo rollo que es prepararlas.
¿Qué tal lleváis el confinamiento? Ya aburre un poco ¿verdad? Aquí os pongo una canción popular alemana con el texto traducido. Hay que agarrarse a eso.
Tengo unas ganas de ir a la Plaza Mayor, y a ‘Casa Labra’ a tomar bacalao…. A ver si para el verano ya se puede. Vamos a tener que hacer veraneo nacional este año, porque de fuera me temo que vendrán pocos y hay que consumir producto nacional a tope. Podríamos organizar alguna visita guiada por el centro, ¿no os parece? Que en verano apetece por la noche. Bueno, algo se nos ocurrirá.
Aquí os pongo una canción que prácticamente ha caído en el olvido, aunque fue muy popular en los 80 y otra del genio Jackson de la misma época.

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