Estado de alarma: Día 37

Buenas tardes. Parece que ya han llegado las mascarillas a la farmacia. A 2,50 cada una. Una ganga, vamos. He pensado dejar pasar uno o dos días, porque como había lista de espera seguro que hoy van todos a por ellas. A ver si sacan ya unas reciclables, porque estas son de uso limitado, con lo cual tampoco solucionas muchos. Espero que dejen pasar más aire y no sigan ahogando.
Pero bueno, sigamos con el Mundial España 82. La mayoría de los jefes de la FIFA estaban alojados en el Meliá Castilla, así que ahí teníamos que estar las que teníamos una persona asignada. Empezábamos a las 8 de la mañana. Los días de partido en Madrid terminábamos después de las 12 de la noche. Luego a lavar el vestido para que estuviera en condiciones para el día siguiente. Durante el mes y pico que estuvimos trabajando ya la comida no estaba incluída. No nos pagaban mal, pero tampoco era una bicoca. Y teniéndo que pagarte el transporte y la comida, la cosa quedaba bastante reducida. Menos mal que en el Meliá había una degustación gratuita de quesos españoles, asi que a media mañana nos íbamos a ‘degustar’ tan a ‘gusto’. Durante los partidos teníamos más suerte. Siempre había catering del que dábamos buena cuenta durante el partido. En el descanso iban los demás.
En uno de los partidos en el estadio del Atlético, en la zona VIP, estaban Henry Kissinger y su mujer. Se habían sentado en un sitio que no les correspondía. Se me acercó el ocupante de uno de los sitios para que fuera yo donde Kissinger y le  dijera que dejara el sitio libre. Como comprenderéis le dije al interesado que se sentara él en otro sitio, porque había mucho sitios libres. En el descanso Kissinger estuvo hablando con Neuberger y conmigo.
Fue una época muy interesante y muy movida. No parábamos. Como teníamos que acompañar a esta gente a todos los sitios (como ‘farolillo rojo’) estábamos todo el día de un lado para el otro.
Tuvo mucha gracia un día que hubo que ir a buscar al señor Horroroso. Primero creímos que se trataba de una broma, pero no, se apellidaba así el pobre. Menudo ataque de risa nos dió.
Otro día uno de los ‘fifosos’ perdió la dentadura en el hotel. Se ve que la había puesto en la bandeja del desayuno y ahí que se fue.
Para la final nos regalaron entradas, si las queríamos, hubo gente que aprovechó para venderlas después a precio de oro.
Nos obligaban a llevar la gorra siempre puesta con lo que, al quitártela, tenías todo el pelo pegado como si llevaras un casco. En la última limpieza la tiré. Todavía andaba rodando por ahí.
Y aquí dejamos el mundial.
Hace poco vi un documental en Netflix sobre Robert Kennedy, que os recomiendo muchísimo. Es de los que me parecen imprescindibles. Luego hay otro sobre Ethel Kennedy que ha rodado la hija póstuma de Kennedy y que remarca la importancia de su madre en toda esta historia. Viéndolos uno se da cuenta de todo lo que perdimos aquel 6 de junio de 1968.
A las 2 en punto de hoy he visto la ‘precuela’ del ‘Ministerio del Tiempo’ con Galdós como especialista en IT. ¡Tienen cada idea! Ya tengo ganas de ver la nueva temporada con nuestro Jaime Blanch que sigue estando estupendo. Si no fuera por los ministéricos ¡que habría sido de nuestra historia! Para los que no seguís la serie solo os digo que si no hubiera sido por ellos, los americanos le habrían comprado a Cervantes el ‘Quijote’. No digo más.
He empezado a ver un programa de la 2 sobre Menéndez Pidal. Al oir tanto del romancero me he acordado de Joaquín Díaz. ¿Os acordáis vosotros? Y aquí una muestra de nuestra inocencia.
Hasta mañana.

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