Pasajes Comerciales y Grandes Almacenes en Madrid

Antecedentes

Teniendo en cuenta que los primeros almacenes aparecieron hacia 1850, su implantación en España llegó muy tarde. Siguieron predominando las tiendas pequeñas y especializadas.
Es curioso que la influencia americana llegó hasta países como Cuba, por ejemplo, donde algunos comerciantes españoles aprendieron las nuevas tendencias que posteriormente trajeron a España (Pepín Fernández).
Mientras en el resto de Europa y Estados Unidos la burguesía ya había alcanzado un nivel adquisitivo alto y poco a poco la sociedad iba contando con más ingresos (para gastar), en España la mayoría del país seguía dedicada a la agricultura y tenía un poder adquisitivo bajo. Las clases altas, por su parte, parecía que preferían realizar sus compras fuera y, si compraban en España, hacerlo como lo habían hecho siempre, en tiendas pequeñas.
Las dos Guerras Mundiales y la Guerra Civil dificultaron más la implantación de los grandes almacenes, habiendo aumentando la penuria económica del país. Aun así los almacenes Madrid-París se inauguraron en 1923 aunque su vida fue muy limitada.

El gran cambio se produjo en España hacia los años 1950 (prácticamente cien años después que en los demás países). España fue abriéndose muy lentamente al influjo externo gracias, sobre todo, a una serie de comerciantes emprendedores.
Como precedente a los almacenes implantados en España tenemos que tener en cuenta también las grandes cadenas de almacenes que aparecieron en Estados Unidos con Woolworth. Aquí se pretendía llegar a la clase media y baja con artículos baratos. Estos quizás no fueran tan buenos como los que ofrecían los grandes almacenes y el servicio al cliente era, evidentemente menos esmerado (en muchos casos prácticamente como un autoservicio), pero el precio por los productos era muy atractivo. Al tratarse de empresas con una gran expansión territorial podían conseguir los productos a precios más bajos ya que las ventas eran también más grandes. En este tipo de comercios, aparte de la venta de textiles, sobre todo se vendían objetos de ferretería, menaje, etc. Llegaron a Europa más tarde que los grandes almacenes y fue a comienzos del siglo XX y en Inglaterra. Para entonces la clase media y baja había aumentado su poder adquisitivo lo que supuso un gran éxito para estos establecimientos. Se siguió con el mismo estilo de venta en el que el cliente elegía lo que quería y los vendedores simplemente cobraban los productos al final, aunque también se ocupaban de la vigilancia del local. A partir de los años 1960 este tipo de establecimientos se vio prácticamente sustituído por los hipermercados.

Comercios tradicionales en España

Hasta comienzos del siglo XX en España seguia predominando la venta en pequeños comercios, generalmente localizados en zonas concretas de las ciudades y dedicados a productos específicos.

Pasaje Matheu

Estaban en manos de familias que solían vivir en el mismo local o en algún piso superior. Podían contar con unos pocos empleados que, en muchos casos, también vivían allí mismo.
Si pensamos que en los grandes almacenes había empleados que dormían sobre los mostradores no es difícil pensar que en este tipo de comercio, pequeño y con menos recursos, pasaría lo mismo. Al dueño le venía estupendamente que los empleados vivieran en el mismo local porque así las jornadas laborales se extendían todo lo necesario. Este sector, al sentirse los trabajadores como miembros de las familias (a pesar del trato que recibían) fue el que más tardíamente se vió afectado por las leyes laborales correspondientes.
Se seguía vendiendo sin precio fijo y regateando. Los productos no estaban expuestos al público sino guardados en baúles ya que se pensaba que su exposición los deterioraba. La influencia de las nuevas tendencias europeas no llegó a las tiendas españolas, pero sí quisieron emularlas aunque sólo fuera en el nombre. De hecho hubo algunas que adoptaron los nombres de los grandes almacenes parisinos.
Durante la época de la dictadura de Primo de Rivera la situación económica mejoró lo suficiente para ver unos tímidos intentos de ampliar el futuro comercial. Se abrieron algunos almacenes más parecidos a los comercios populares como fueron los Almacenes Simeón en 1923, Almacenes Rodríguez en 1922, Almacenes San Mateo en 1925, Almacenes Progreso en 1926 y los almacenes Madrid-París en 1923.
Realmente los únicos grandes almacenes igualables a los del resto de Europa fueron los Almacenes El Siglo de Barcelona.

Los pasajes comerciales madrileños

La primera ciudad que tuvo pasajes comerciales fue París y de ahí se extendió la moda al resto de Europa. Los pasajes consistían en calles, no demasiado largas generalmente, con tiendas a ambos lados. A veces incluso en los pisos superiores. Solía cubrirse la zona peatonal con techos acristalados de forma que pasase la luz. Evidentemente eran zonas muy agradables para pasear y ver escaparates al abrigo del frío o del calor. Aparte de las tiendas había también restaurantes y cafés, algunos con actuaciones musicales o acompañamiento de piano.
En Madrid los pasajes comerciales aparecieron en la época de Isabel II. Por un lado la desamortización había propiciado la compra de bienes y terrenos de la Iglesia por parte de la nobleza o los nuevos burgueses adinerados. Por otra, el acondicionamiento de la Puerta del Sol hizo que se convirtiera en lugar propicio para negocios comerciales. Madrid no era una ciudad industrial ni tenía tampoco materias primas. La actividad lógica, sobre todo ante el aumento de población, era el comercio.

Pasaje de San Felipe

Data de 1839 y se edificó en un solar quie había pertenecido al convento de San Felipe Neri (entre las calles de Bordadores e Hileras). Contó también con un mercado. Había tiendas a ambos lados de todo tipo y contaba incluso con gabinete de lectura de periódicos.
Parece que económicamente no resultó rentable y terminó por desaparecer.

Pasaje Matheu

El Pasaje Matheu o Villa de Madrid se encuentra entre Espoz y Mina y la calle de la Victoria.

Pasaje Matheu
Pasaje Matheu en la actualidad

Fue realizado en 1847. Tiene su nombre de Manuel Matheu que quiso convertir el suelo de un antiguo convento demolido en un negocio comercial para dar servicio a las nuevas necesidades de la ciudad. Construyó tiendas y viviendas en la galería de dos pisos. La cubierta estaba acristalada. Tanto el diseño como el arquitecto fueron españoles. El interior de las tiendas se realizó siguiendo el gusto francés.
Actualmente se ha convertido en una calle peatonal con restaurantes y bares a ambos lados. La cubierta ha desaparecido.

Pasaje Murga

Está entre las calles Montera y de las Tres Cruces. José Murga, marqués de Linares, era el propietario de varias fincas en la calle de la Montera. Provenía de una familia  vasca, el primero de esta saga, Mateo Murga comenzó como comerciante en Madrid y después pasó a negocios financieros. Estuvo en el consejo de administración de varias empresas y fue elegido a Cortes por el grupo progresista. Fue uno de los personajes más ricos de su época poseedor de numerosas fincas y edificios.
El pasaje Murga fue peatonal y contaba con tiendas y un café.
Tras el fallecimiento de Mateo Murga, su hijo José se hizo cargo del patrimonio familiar. Para entonces ya contaban con el conocido Palacio de Linares que posee su propia historia.
Actualmente el pasaje conserva el exterior del edificio y los espacio comerciales interiores.

Grandes almacenes

Almacenes El Encanto en La Habana (Cuba)

Los almacenes El Encanto de Cuba son realmente el origen de los almacenes españoles. Tanto Galerías Preciados como El Corte Inglés contaron en sus inicios con las experiencias ganadas en estos almacenes cubanos.

Una de las normas de la empresa era hacer partícipes a los empleados de los ingresos del negocio. La máxima de la empresa era el servicio al cliente. Casi desde el principio los responsables viajaron a Norteamérica y Europa para comprar productos desconocidos en Cuba. Los clientes ya no tenían que realizar ellos esos viajes, puesto que encontraban las últimas novedades en El Encanto. Hasta entonces los empleados visitaban los domicilios de los clientes para presentarles las novedades. esto cambiaría totalmente y ahora eran los clientes los que se desplazaban. También influyeron los almacenes en la desaparición de la venta callejera y el regateo.

En El Encanto se estimulaba la colaboración de los trabajadores con promociones personales, participación en el capital, formación a cargo de la empresa. Por su parte se exigía al trabajador una entrega total a la empresa que debía considerar como parte de su familia.

El slogan ‘Ya es primavera en….’ nació en El Encanto.

Los almacenes El Encanto fueron creados por dos familias asturianas, Solís y Entrialgo, hacia 1888. Muchos emigrantes asturianos trabajaron desde entonces en estos almacenes y, entre ellos, César Rodríguez Gonzalez.

César Rodríguez González

César emigró a Cuba con 14 años. Rápidamente se hizo valer en distintos comercios hasta que fue recomendado a uno de los propietarios de El Encanto.

Almacenes Madrid-Paris
Edificio en el que estuvieron los almacenes Madrid-París

Durante 28 años trabajó en estos almacenes logrando amasar una importante fortuna, llegando a ser gerente y socio industrial de la sociedad gestora de los mismos. Tanto él, como posteriormente Ramón Arces, su sobrino, siempre estuvieron relacionados con los aspectos comerciales de sus negocios.

Tras haber abandonado su país hacía ya veinte años, César regresó a España en 1918 recorriendo varias capitales europeas. Dos años después se casó con María Antonia Muñiz Dávila, de origen asturiano, clienta de El Encanto y de cierto nivel en la sociedad cubana.

En 1920 los almacenes sufrieron su primera crisis, coincidiendo con la que vivió todo el país, durante el régimen de Gerardo Machado. Fue en este momento en que los directivos se percataron de la importancia de la publicidad para promover sus ventas.

Hacia 1929 César abandonó los almacenes El Encanto. Invirtió capital en varios bancos, entre ellos el Banco Hispano Americano. Ayudó económicamente a su sobrino Ramón Areces a establecer el negocio de El Corte Inglés.

Los almacenes El Encanto pervivieron hasta 1960.

Almacenes El Siglo en Barcelona

Los almacenes El Siglo fueron los más parecidos a sus antecesores europeos. Fueron creación de Eduardo Conde y Jiménez y Pablo del Puerto, ambos trabajadores en almacenes cubanos. Primero abrieron una tienda, El Siglo, que vendía camisas, corbatas y género de punto producido en sus propios almacenes. Tuvieron tanto éxito que en 1881 decidieron abrir un gran almacén a semejanza de los que habían conocido en Cuba y durante sus viajes por Estados Unidos. Mantuvieron el ya conocido nombre de ‘El Siglo‘ y adoptaron muchas de las políticas comerciales de los almacenes americanos. Fueron de los primeros en llevar un control contable de ingresos y gastos.
Era un empresa eminentemente familiar a la que se fueron uniendo los hijos de los fundadores.

En el año 1932 un gran incendio destruyó los almacenes que se trasladaron a otro edificio. Tras la Guerra Civil abrieron varias sucursales convirtiéndose así en la primera cadena de almacenes del país. Sin embargo a partir de los años 40 comenzó el declive del negocio que terminó por cerrar en los años 1980.

El Santet

Como curiosidad podemos comentar que uno de los empleados de los almacenes El Siglo fue Francesc Canals Ambrós, conocido entre sus seguidores como ‘El Santet’.

antiguo Galerías Preciados
Edificio del antiguo Galerías Preciados conocido como el Anejo

Este joven nacido en 1877 trabajó en los almacenes El Siglo hasta 1899 fecha en que murió. Tenía fama de poder reconocer cuándo una persona iba a morir sólo con mirarle a los ojos. Parece ser que entre sus compañeros de trabajo era muy apreciado por su carácter bondadoso.
Al morir fue enterrado en el cementerio del Poblenou. Primero en un nicho a cierta altura, pero como tanta gente le llevaba flores y exvotos hubo que bajarle hasta el nivel bajo dejando además libres otros nichos a su alrededor. Tiene fama de conceder los deseos que le piden sus fieles introduciendo un papel con el deseo escrito en él por una ranura del cristal de la lápida.

Almacenes Madrid – París

En 1920 un grupo de hombres se reunió para la creación de unos grandes almacenes en Madrid. Se consideraba que la sociedad ya estaba preparada para la compra en este tipo de comercios. Con la financiación de la Sociedad París-Maroc ubicada en París, se compró el solar en lo que sería la Gran Vía 32. Por parte de la Sociedad París-Maroc sería Roberto Gompel el que prestaría su experiencia como responsable de una de las mayores cadenas de grandes almacenes en Francia, ‘Les Dames de France‘.

Sin embargo la construción del edificio tardaría más de lo previsto, tanto por temas burocráticos como laborales.

Finalmente los almacenes Madrid-París se inauguraron el 3 de enero de 1924 con la presencia de los reyes de España, Victoria Eugenia y Alfonso XIII.

El edificio contaba con un hall circular, una amplia escalera, siete plantas, seis ascensores y tres montacargas. Tenía 400 empleados. En las torres del edificio había dos depósitos de agua.

Los almacenes contaban también con coches propios para el reparto de mercancías.

Meses después de la inauguración comenzaron los primeros problemas. Al parecer se había contratado a más empleados de los necesarios y se efectuó la primera reducción de plantilla. El director de los almacenes fue despedido.

Aunque en 1925 las ventas aumentaron ostensiblemente, el resultado total presentaba pérdidas. Se intentaron nuevas formas de atraer a la clientela, por ejemplo, abriendo un salón de té o más departamentos, aunque ninguna consiguió las ventas pretendidas.

Así la sociedad Madrid-París se enfrentaba no sólo a las pérdidas de su negocio, sino también al pago que tenía que realizar de los numerosos préstamos pedidos. Durante los siguientes años parecía que la situación mejoraba algo, pero no llegaba una consolidación clara de las ventas. Tras haber obtenido beneficios en 1929 y 1930, el año siguiente volvió a presentar pérdidas.

Finalmente en 1934 los almacenes Madrid-París cerraron sus puertas y el edificio fue acondicionado para alquiler de locales. Ese mismo año en la planta baja abrió sus puertas lo que sería un referente de los grandes almacenes en Madrid, SEPU (Sociedad Española de Precio Único). También se instaló un cine en 1935, el Madrid-París. Desde la azotea emitía Unión Radio, actualmente cadena SER.

SEPU

En 1934, en la planta baja de lo que fue el edificio de los almacenes Madrid-París se abrió SEPU (Sociedad Española de Precio Único) siguiendo el ejemplo del Woolworth americano.

A la izquierda el antiguo Galerías Preciados, ahora Corte Inglés

Se vendían muchos productos al mismo precio, al principio entre 1 y 5 pesetas. Fueron los almacenes más importantes de Madrid durante la época de la Guerra Civil. A pesar de ello sólo abrieron otro centro en Madrid y uno en Barcelona y Zaragoza respectivamente. Durante muchos años SEPU fue lugar de compras para los madrileños y los visitantes. Aun así a partir de los años 1970 comenzó poco a poco el declive y la empresa cerró en 2003.

Galerías Preciados y El Corte Inglés

Ambos establecimientos se abrieron durante la República. Al frente de ellos estaban los primos José Fernández (más conocido por Pepín Fernández) y Ramón Areces. Habían estado trabajando en Cuba.

Galerías Preciados

José Fernández (Pepín) nació en 1891 en Asturias. De pequeño cuidaba del ganado. Mostró siempre un gran interés por la lectura. Tras pasar por la escuela del pueblo y con una formación más bien escasa, a los 17 años partió para México. Parece ser que durante la travesía se jugó los veinte duros que llevaba a las cartas. No volvió a jugar en su vida.

Trabajó en México en una tienda de ultramarinos como chico de los recados. De ahí pasó a ser dependiente en otra tienda similar y poco antes de que pasase un año decidó irse a Cuba donde estaba su hermana Eustaquia.

Pepín encontró trabajo en El Encanto donde su primo César ya era gerente. A cambio de alojamiento y comida tenía que barrer, fregar hacer recados, etc.

El primer Corte Inglés en Preciados, 3

Trabajaba todo el día, dormía en catres de tijera que se colocaban en la misma tienda. Sólo tenía un día libre al mes. Todo su tiempo libre lo dedicó a leer. Aprendió vocabulario y comenzó a mostrar su habilidad para la prosa. Pronto se convirtió en dependiente de los almacenes y dos años después pasó a las oficinas. Su relación con la parte comercial fue siempre escasa. Sus habilidades le llevaron a la gestión organizativa, a la planificación y, sobre todo, a la parte publicitaria de sus empresas. Estas actividades le llevaron a relacionarse con conocidos periodistas y, posteriormenente con importantes hombes de las letras españolas.

En 1920, Pepín Fernández ya había ascendido a gerente. Se casó entonces con Carmela Menéndez Fernández, hija de un emigrante asturiano y una dominicana. Tuvieron tres hijos.

Durante la crísis cubana Pepín Fernández pudo demostrar la importancia de la publicidad para aumentar las ventas. Tenía gran capacidad de observación y había logrado un estilo de redacción que transmitía los mensajes con facilidad.

En 1925 partició en la creación de la Institución Hispano-Cubana de Cultura donde pronunciaron conferencias personajes como Fernández de los Ríos, Alcalá Zamora o Marañón.

Introdujo en El Encanto la tendencia de adornar los escaparates con cuadros de jóvenes artistas. Inició también el patrocinio publicitario a eventos deportivos y sociales tal y como harían después Galerías Preciados y El Corte inglés.

En 1930 bandonó los almacenes El Encanto.

Regresó a España, a Madrid en concreto donde buscó un negocio para establecerse. Intentó comprar los almacenes Madrid-París, pero este proyecto no prosperó. Finalmente compró un local en la calle Carretas 6. En principio se vendían solamente telas para ropas femeninas. El establecimiento se llamó Sederías Carretas.

Entrada al Corte Inglés

El negocio estaba en manos de Pepín Fernández y César Rodríguez como socios. Tenian doce empleados y el local un tamaño de unos 300 metros cuadrados. Querían dedicarse a una clientela de clase media y media-baja, pero para su sorpresa la clientela que llegó le pedía productos caros, por lo que tuvieron cambiar su estrategia y dedicarse a productos de más valor. Rápidamente Pepín Fernández pensó en un local mayor y que estuviera en una calle con más posibilidades que Carretas. Poco más de un año después de haber inaugurado Sederías Carretas compró un solar en la esquina de la calle Rompelanzas con Preciados y Carmen. Había allí una sastrería llamada El Corte Inglés.

El edificio no se inauguró hasta 1943 por el paréntesis que supuso la Guerra Civil, el problema de algunos vecinos en abandonar el edificio existente y la falta de financiación de Pepín Fernández. La escritura de compraventa se realizó a nombre de César Rodríguez representado por José Fernández.

A partir de 1941 fue ampliando el local de Sederías Carretas incorporando nuevos departamentos. Tuvo que esperar a que su primo Ramón Areces trasladara su negocio de El Corte Inglés a otra ubicación para poder empezar las obras de su nuevos grandes almacenes.

El Corte Inglés

Ramón Areces era el quinto de ocho hermanos. Nació en 1904 en La Mata. Su infancia fue dura y precaria.

Calle Preciados

A los 16 años marchó a Cuba para trabajar también en los almacenes El Encanto. Creía que solamente en Cuba podría escapar de la pobreza. Era un gran luchador y tenía un fuerte afán de superación. Después de unos años comenzó a trabajar en la sección de caballeros como dependiente.

A los veinte años viajó a Nueva York para aprender inglés a la oficina de compras que tenía El Encanto en esa ciudad.

Regresó a España en 1934. No había hecho fortuna como su primo Pepín Fernández. Su tío César pidió a éste que le empleara, pero Pepín no quiso. Como hemos visto, en 1935 compró Fernández, con la ayuda de César Rodríguez el edifició que sería después el primer Galerías Preciados, pero hasta entonces César colocó a su sobrino Ramón Areces al frente de una sastrería que estaba en el edificio, El Corte Inglés. Esta tienda permaneció abierta durante la Guerra Civil.

En 1940 Ramón Areces trasladó su tienda a la calle Preciados 3, cerca de lo que sería el Galerías Preciados de su primo. Ese mismo año nació la sociedad El Corte Inglés participada al 50% por Ramón Areces y su tío César Rodríguez. Durante muchos años El Corte Inglés sólo contó con este edificio.

Evidentemente la cercanía entre El Corte Inglés y Galerías Preciados hizo que se iniciara una gran competencia entre ambos almacenes. Pepín Fernández optó por la estrategia de abrir más y más almacenes a lo largo del país, mientras que Ramón Areces esperó a tener la liquidez suficiente para hacerlo. Siempre creyó en la autofinanciación. Galerías Preciados contaba en diferentes ciudades con edificios de grandes almacenes o con almacenes donde se llevaban los productos comprados por correo.

Durante muchos años Galerías Preciados fue el almacén más importante de todo el país, hasta que en los últimos años de Pepín Fernández la situación económica empeoró y, ya tras su fallecimiento Galerías Preciados fue pasando de unas manos a otras hasta que al final, El Corte Inglés lo compró.

Fuentes:

Habitaciones cerradas, autora: Santos, Care, Círculo de Lectores, 2011

Los Pasajes comerciales de Madrid, autora: Moral Ruiz, Carmen del, Ediciones La Librería, 2011

La Gran Vía. Cien años de historia, autora: Gea Ortigas, María Isabel, Ediciones La Librería, 2010

Madrid, aquel comercio, autor: Reguero, Victor del, Ediciones La Librería, 2011

Méritos, errores, ilusiones y personajes de Galerías Preciados, autor: Zafra Aragón, Manuel, Ediciones Académicas, 2006

Biografía de El Corte Inglés, autor: Cuartas, Javier, Libros Límite, 1992

Sociedad Madrid-París, pioneros de los grandes almacenes en Madrid, autor: Díez García, Ruben, www.bubok.es

Fotografías: Rafael Castañeda Fotografía

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