6.2 María Luisa de Orleáns

María Luisa de Orleáns nació el 27 de marzo de 1662, hija de Felipe de Orleáns y por tanto nieta de Luis XIV, y Enriqueta Estuardo, hija de Carlos I de Inglaterra.

¿Con quién me caso?

Felipe I de Orleáns por Henri Gascard
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En principio no era la favorita para casarse con Carlos II de España. Mariana de Austria había ejercido su influencia para que el Consejo de Estado eligiera a la archiduquesa María Antonia de Austria, hija del emperador Leopoldo I y Margarita de Austria. Pero con la llegada al poder de Juan José de Austria cambiaron las prioridades. Una de ellas era acabar con la guerra contra Francia lo que se consiguió con la firma de la Paz de Nimega en 1678. La boda, sin embargo, no fue parte de estas negociaciones para evitar que España consiguiera beneficios militares.

Enriqueta de Inglaterra Wikipedia

María Luisa de Orleáns era considerada una de las princesas más atractivas de la corte francesa. Era morena, de ojos marrones y alta y proporcionada. Le gustaba el teatro, el baile, tocaba el clavicordio y la guitarra. Trajo a España una biblioteca de más de seiscientos libros. Carlos II pareció contento con esta elección, no así María Luisa que en principio se negó a este matrimonio.
La madre de María Luisa murió en 1670, tras un matrimonio lleno de escándalos. Felipe de Borbón volvió a casarse con Isabel Carlota de Baviera. María Luisa frecuentó la corte francesa y creyó que algún día se casaría con su primo Luis, el delfín de Francia convirtiéndose así en reina del país. Pero no siempre salen las cosas como uno quiere. Además, tres días antes de partir para España murió Juan José de Austria, artífice de este enlace.

Contrastes

Luis XIV por Hyacinthe Rigaud
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Por fin, el 13 de enero de 1680 María Lusia entró en Madrid desfilando a caballo por sus calles con una gran comitiva. Evidentemente, la reina madre había regresado a Madrid para aumentar su control sobre Carlos II, pero recibió de forma afectuosa a su nueva nuera. María Luisa, acostumbrada al boato de la corte francesa, debió de ver con cierta angustia el estado de la española, con un Alcázar lleno de goteras y descacarrillado. Por lo menos Carlos II había hecho redecorar el cuarto de la reina con tapicerías, una espléndida cama y también el Salón de Comedias, porque sabía que a María Luisa le gustaba el teatro. Pero el choque de culturas fue grande. La etiqueta española era mucho más severa que la francesa y María Luisa se refugió en su propia servidumbre francesa, lo que no ayudó a que se adaptara a las costumbres de su nuevo país.
La camarera mayor de María Luisa era la duquesa de Terranova, ya de sesenta años y que no logró congeniar con la reina. La obligaba a hablar en castellano durante sus audiencias, aunque fuera con súbditos franceses, le hizo cambiarse el peinado rizado que llevaba por el pelo lacio tal y como se llevaba aquí, sus vestidos sueltos fueron cambiados por corsés y faldas rígidas y, sobre todo, quería prohibirle montar a caballo, porque podia perjdicar cualquier embarazo. Y a María Luisa lo que le gustaba era galopar a toda velocidad. Finalmente la reina consiguió que la duquesa de Terranova dejara su cargo, pero también se fueron gran parte de sus acompañantes franceses que se quejaban de no recibir sus pagas a tiempo.

Interéses franceses

María Luisa de Orleáns por José García Hidalgo, 1679
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Desde un principio el rey de Francia había insistido en que María Luisa debía implicarse en las cuestiones de estado favoreciendo siempre a Francia, por supuesto. Tras la muerte de Juan José de Austria, el duque de Medinaceli era el primer ministro y sus medidas, que a largo plazo iban a ser beneficiosas, a corto plazo le granjearon mútliples enemigos. El embajador de Francia, el duque de Villars, por indicación de Luis XIV, animaba a María Luisa a implicarse en la caída de Medinaceli y proponer un nuevo primer ministro afín a Francia, pero la reina no quiso participar en esta estrategia. Al final hizo que cesaran al embajador de Francia y que fuera sustituía por el conde de Vauguyon que actuó de forma completamente diferente e incluso llegó a ganarse la confianza tanto de Carlos II como de Medinaceli.

Repartiendo la piel de toro

Luis XIV por Hyacinthe Rigaud
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 Pero la tranquilidad duró poco. En 1683, Luis XIV declaró la guerra a España con intención de conquistar Flandes. Tras seis meses e incapaces de ganar a  Francia, España pidió una tregua (Ratisbona, 1864). Mientras tanto Luis XIV seguía azuzando a María Luisa para que apoyara los interéses franceses, con lo que la reina se veía constantemente entre la espada y la pared. Pero este no era el único problema. Su forma de vida más desenfada no le ganó precisamente la simpatía de sus súbditos y, por encima de todo, no se quedaba embarazada. Además, su falta de implicación o ambición política dió pie a que Mariana de Austria recuperase su influencia. Como siempre apoyó los interéses de la casa Habsburgo. Es entonces cuando se ideó una nueva estratagema.

El joven Leopoldo I
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El emperador Leopoldo I propuso a Mariana, su hermana, que el gobierno y propiedad de los Países Bajos se diera como dote al matrimonio entre María Antonia de Austria, su hija, y el príncipe elector Maximiliano de Baviera. María Antonia era hija de la infanta Margarita, nieta de Mariana de Austria y tenía derechos de sucesión a la corona española. Ella renunciaría a esos derechos por los Países Bajos. Así ese territorio podía contar con el apoyo financiero de Baviera y permanecería en manos de los Habsburgo. Por su parte Luis XIV también quería reclamar los derechos a la corona española, siempre y cuando no hubiera descendencia, por su matrimonio con la infanta María Teresa. Quería que María Luisa liderara esta facción frente a la austríaca de Mariana de Austria.

Un matrimonio bastante feliz

Carlos II por Wilhelm Humer
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Luis XIV mandó un nuevo embajador a España, el marqués de Feuquière, para que impidiese la cesión de Flandes a Baviera. En cuanto al reino, cada vez existía un sentimiento anti-francés más amplio y se sospechaba incluso que alguien quisiese envenar a la reina. María Luisa pasó una época muy deprimida, perdió mucho peso y se sentía completamente aislada. Es entonces cuando Carlos II le dió ‘la llave de tresdobles’ que abría todas las puertas del Alcázar y que generalmente se daba a los valídos como signo de confianza. Era la primera vez que esta llave se daba oficialmente a una reina, mostrando la total confianza que Carlos II tenia en su esposa. A pesar de los problemas del rey para poder engendrar un hijo, si que parece que ambos conyuges se llevaban bien y que, dentro de lo que cabe, fue un matrimonio bastante feliz.

Olimpia Mancini
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A partir de 1685 María Luisa comenzó a integrarse más en la costumbres españolas e incluso se tomó más interés por los asuntos de estado. Se posicionó al lado de los interéses españoles, aunque fueran contrarios a los franceses. Pero otro controvertido personaje hizo su aparicion como nueva confidente de la reina. Era Olimpia Mancini, condesa de Soissons, viuda del príncipe Eugenio-Mauricio de Saboya. Al igual que su hermana antes tenía fama de intrigante. De amoríos juveniles con Luis XIV a espía de Leopoldo I, hasta que en 1688 el rey decretó que abandonará España, aunque ella permaneció en Madrid cuatro años más bajo la protección del embajador de Alemania.
En 1688 la Liga de Augusta, alianza de varios países contra Francia, esperaba la anexión de España. Luis XIV, por su parte, envió a Madrid un nuevo embajador, el conde de Rébénac. Corrían rumores en Francia que Carlos II estaba a punto de morir y  Rébénac debía fortaleza el patrido pro-francés en España. Al llegar su sorpresa fue mayúscula, porque Carlos II no sólo no se estaba muriendo, sino que llevaba personalmente el gobierno y, además, no existía tal partido pro-francés. María Luisa de Orleáns y Carlos II pasaban por una época matrimonial bastante feliz. Asistían frecuentemente a representaciones teatrales en las que la reina participaban como actriz muchas veces. Incluso se creyó que estaba embarazada, pero, una vez más, la noticia era falsa.

Una caída de caballo

A principios de 1689, la reina sufrió una caída cuando montaba a caballo. Aunque la caída no pareció revestir importancia, en los siguientes días fue encontrándose peor. Incluso creyó que la habían envenenado, porque no retenía ningún alimento.
Aunque no se sabe a ciencia cierta, parece ser que días antes Carlos II había firmado un documento a instancias de María Luisa en el que España se mantenía neutral en el litigio entre Francia y la Liga Augusta. El documento fue interceptado antes de que llegara a Luis XIV. Y en la corte se acrecentaban los rumores de que María Luisa había sido envenenada.

María Luisa de Orleáns de cuerpo presente en el Real Alcázar de Madrid (1689) por Sebastián Muñoz
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SIn embargo parece ser que el origen de sus males llevaba tiempo acechándola y eran su mala alimentación y su estilo de vida desordenado y, sobre todo, su afición a remedios y sustancias que tomaba desde su juventud. Sufría frecuentemente de cólicos al comer de forma caprichosa alimentos que luego le causaban dolor de estímago.  Maria Luisa de Orleáns murió el 12 de febrero de 1689 a los veintiséis años. Ante las presiones por la supuesta muerte por envenenamiento se le realizó la autopsia que mostró problemas gástricos y, posiblemente, daño en los pulmones por el consumo de ciertas pócimas.

Fuente: Rubio, María Jose: Reinas de España. Las Austrias. Siglos XV-XVII. De Isabel la Católica a Mariana de Neoburgo, La Esfera de los Libros, 2010

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