Estado de alarma: Día 72

¡Buenas tardes a todos! La verdad es que ya me estoy quedando sin historias que contaros, pero ¡mira por dónde! por un whatsapp que me ha llegado hoy me he acordado de mis primeros (y únicos) ejercicios espirituales.
Eran los días después de Navidad. Yo debía tener unos 16 años y una compañera del colegio iba a ir a hacer unos ejercicios espirituales y me preguntó si quería ir. Yo no tenía ni idea de qué era eso, asi que mi madre me dijo que fuera, que mal no me iba a hacer. Eran en una casa inmensa no sé en dónde en Madrid. Organizados por el Opus (vaya por Dios). Eramos sólo chicas. Se suponía que no podíamos hablar, claro. Eso para mi es algo completamente imposible como podréis comprender. Llegamos a la hora de la cena, y sólo mirando a las demás, ya me estaba cayendo de risa. Dormíamos dos o tres en cada habitación y ahí hablamos todo lo que queríamos. Luego nos dejaron hablar durante las comidas y cenas. Al final, a discreción, asi que todo el rato. Pillamos el día de los Inocentes y pedimos permiso para gastar unas bromas. A unas les hicimos (no sé cómo se llama) eso que te metes en la cama y no puedes estirar las piernas, a otra la despertamos a las 3 de la mañana diciendo que era hora de levantarse. Se duchó y todo y pilló un mosqueo que ni os cuento cuando se enteró que era una trastada. En un momento dado eramos cinco o seis en el dormitorio y vinieron las ‘tutoras’. Una se escondió debajo de la cama, otra en el armario, yo me hice la dormida…. y no se dieron ni cuenta. Y lo más gordo: por la noche salíamos por una pequeña ventana al tejado del edificio a fumar. ¡Y yo entonces ni fumaba! De lo que nos dijeron no me acuerdo, sólo de dos frases del librito del Opus: Aprende a decir no, Aprende a decir si. Como véis a nivel espiritual la cosa no me fue muy bien, pero desde luego me lo pasé de vicio. Oye, hay que saber adaptarse a cada situación.
Sigo viendo a ratos perdidos el documental ‘Making a Murderer’, no os digo que lo veáis porque son dos temporadas y se hace un poco largo, pero lo que sí os digo es que en Wisconsin ya me han visto. Madre mía que policía más fullera. Alucinante. Todavía no sé si el acusado es culpable o no, pero que las pruebas han sido amañadas está más claro que el agua. Acordaos que soy criminóloga y lo digo con conocimiento de causa.
Quería haber grabado el ruido de los pájaros, pero se ve que hoy están de excursión. No se oye ni pío. A ver si más tarde hay suerte.
¿Os estáis desconfinando ya? Yo no. Sigo con la rutina habitual. Hoy he tenido clase de Sevillanas. De verdad que eso es dificilísimo. Lo de los pies más o menos lo tengo, pero ahora hay que añadir el movimiento de brazos y de las manos. Y cuando estoy pendiente de los pies se me olvidan los brazos, y cuando pienso en los brazos me lío con los pies. Para verme, de verdad. Menos mal que la pofesora es comprensiva y dice que para lo poco que llevamos lo hacemos muy bien. Para mi que nos engaña.
La foto principal hoy es del Museo MAST- Museo Adolfo Suarez y de la Transición, en Cebreros. Os lo recomiendo como una de las próximas visitas.

Vamos a por la música del día: un clásico de toda la vida, otro más y una de las mías.

¡Hasta mañana!

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