Estado de alarma: Día 57

Buenas tardes. Que mañana más buena hemos tenido hoy. Daba gusto estar en la calle, sobre todo tempranito que hacía un fresco muy agradable.
Hoy os voy a poner uno de los autógrafos más preciados que tengo. Veréis que firmaron los primeros componentes del grupo, antes del desastre del teclista. Tiempos remotos, ¿verdad?
En nuestra zona de aparcamiento es increíble a la velocidad que van algunos conductores, como si fuera una pista de entrenamiento con lo peligroso que es. Me acuerdo que hace muchos años iba con mi padre en el coche y, menos mal, que iba muy despacio, porque entre dos coches nos salió de repente un niño sentado en un monopatín. Si no llega a frenar le da con el parachoques en la cabeza. También tenemos zonas con pasos de cebra, pero como si no existiesen. Poco pasa para cómo van.
¿Sabéis un concepto que no me está gustando nada? ‘La nueva normalidad’. Lo normal, con perdón, es lo normal, lo demás es otra cosa. Yo no creo que sea normal estar a dos metros de los demás,  ir a las tiendas con cita previa o  pasearse con mascarilla. Eso será la temporada ‘pre-normalidad’ hasta que tengamos una vacuna para matar de una vez al bicho asqueroso este que nos está descomponiendo la forma de vivir. Espero que esta pretendida ‘nueva normalidad’ no sea lo que espera a generaciones futuras para siempre jamás, porque entonces habrá llegado el momento de plantearse si vale la pena vivir así. Yo, desde luego, no pierdo la esperanza de que en algún momento todo vuelva a ser como antes. Y no me refiero a las multitudes en la playa, al derroche en las tiendas o al gentío turístico por todos los lados, sino a poder moverse sin restricciones. Quizás deberíamos pensar un poco acerca del tipo de vida que hemos estado llevando estos últimos años, si realmente hace falta cambiar de vestuario cada temporada, irse de viaje de novios a Vietnam en vez de una de nuestras islas o celebrar comuniones como si fueran bodas, etc etc. Son solo ejemplos de una sociedad que, para mi, se fija más en las apariencias externas que en lo que realmente importa. Pero bueno, imagino que al final volveremos a caer en lo mismo. Solo espero que me de tiempo a vivir de una forma normal antes de irme al otro barrio.
¡Huy! que trágica me he puesto, ¿no? Pues a cambiar el ‘chip’ que ya bastante tenemos encima como para empezar a filosofar.
Un día de estos voy a volver a ver ‘Mientras dure la guerra’ de Amenábar. La vi cuando se estrenó y me gustó muchísimo, tanto la historia, como los actores y la ambientación. Amenábar hace unas películas redondas. Me encanta. No me defrauda nunca.
Bueno, vamos a por la música de hoy: una romanticona, una movidita y una de mis favoritas.
¡Hasta mañana!

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