Clotilde de Sorolla

Quizás haya gente que no conozca a Clotilde García del Castillo o Clotilde de Sorolla, pero seguro que si han visitado alguna exposición dedicada a Joaquín Sorolla han visto alguno de sus retratos. Posiblemente sea la ‘mujer del pintor’ más veces retratada del mundo.

Clotilde García del Castillo. Fotografía tomada por su padre Antonio García Peris en 1886, ©RCastañeda

 

 Sorolla no habría llegado a dónde llegó sin Clotilde. Ambos vivieron su relación siempre en función de la pintura, la misión de Sorolla.

Amor de adolescentes

Clotilde García del Castillo nació en Valencia en 1865. Su padre, Antonio García era un conocido fotógrafo. El matrimonio de Antonio García y Clotilde del Castillo tuvo un hijo, el mayor, y cinco hijas. Clotilde era la tercera.

Joaquín Sorolla y Clotilde se conocieron de adolescentes. Joaquín era amigo de Juan Antonio, el hermano mayor de Clotilde y compañero en la Escuela de Bellas Artes de Valencia. A través de Juan Antonio, Sorolla comenzó a trabajar para el padre de éste en el estudio de fotografía.

Parece ser que Joaquín y Clotilde se enamoraron pronto, aunque no quedan pruebas escritas de su relación, salvo tres cartas en las que Sorolla menciona de forma cariñosa a su futura mujer.

De 1885 hasta 1887 Sorolla estuvo en Roma, después en París y por referencias posteriores sabemos que ya se escribían en aquellos momentos.

Boda, Italia y regreso

En 1888 Sorolla regresó a Valencia para casarse con Clotilde el 8 de septiembre en la Parroquia de San Martín.

Clotilde García del Castillo vestida de novia. Fotografía de Antonio García Peris.; ©RCastañeda

Fueron después a Italia estableciéndose en Asís. Sorolla retrató en numerosas cuadros y tablitas escenas familiares de su estancia allí.

Tras regresar de Italia se instalaron en Madrid, el mejor lugar para dar mayor proyección a la pintura de Sorolla. Durante el verano de 1889 estuvieron en El Campet, donde el padre de Clotilde tenía un huerto de naranjos. Allí Sorolla pintó varios cuadros costumbristas de temas valencianos. En otoño fijaron su hogar en la Plaza del Progreso de Madrid.

Hijos, viajes y separaciones

En 1890 nació su primera hija, María Clotilde. Durante las fiestas navideñas que pasaron junto a la familia de Clotilde en Valencia, la pequeña se puso enferma lo que obligó a Clotilde a quedarse en casa de sus padres, mientras que Sorolla volvía a Madrid. Sería la primera de sus múltiples separaciones.

El primer hijo, 1890; ©RCastañeda

En 1892, en noviembre, nació en Valencia Joaquín, su segundo hijo. Durante los últimos meses del embarazo, Sorolla estuvo pintando en Buñol, cerca de Valencia, donde la familia de Clotilde tenía una casa. Tras el nacimiento de su hijo regresó a Madrid para cumplir con una serie de encargos.

Después de pasar las Navidades con sus suegros en 1893, Sorolla tuvo que regresar otra vez sólo a Madrid, porque la pequeña María estaba enferma. Su estado empeoró lo que le hizo regresar rápidamente.

Así, sobre todo por motivos de salud de su hija, estos primeros años el matrimonio Sorolla estuvo con frecuencia en Valencia.

El matrimonio Sorolla. Fotografia de Antonio García Peris. 1888; ©RCastañeda

Es ahí donde el maestro pintó en 1894 ‘La vuelta de la pesca’ y ‘Aún dicen que el pescado es caro!’ cuadro que obtuvo la Primera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes y fue comprado por el Estado español para el Museo de Arte Moderno de Madrid.

‘¡Y aun dicen que el pescado es caro!’; ©RCastañeda

Mientras que Sorolla viajó a París en 1895, Clotilde regresó a Valencia para dar a luz a su tercera hija, Elena. Como homenaje a su mujer, Sorolla pintó el cuadro Madre, que terminó en 1900.

‘Madre’; ©RCastañeda

Playas y París

Durante los siguientes años, Sorolla viajó repetidamente a Jávea, donde quedó maravillado por su mar. Clotilde no pudo acompañarle las primeras veces.

En 1900, Sorolla recibió el Grand Prix de la Exposición Universal de París. Comenzó una nueva etapa en su vida, consolidándose poco a poco la fama del maestro. Parece que Clotilde prefería la vida tranquila en casa a las fiestas sociales a las que tenían que acudir ahora.

Clotilde cosiendo, 1900; ©RCastañeda

Durante los siguientes años procuraron no separarse y viajaron repetidas veces a París, incluso acompañados por su hija María, y a Bélgica, Holanda e Italia. También recorrieron distintos lugares de España como León, Asturias o el País Vasco, además de pasar largas temporadas en las playas valencianas. Clotilde comenzó a mostrar signos de una enfermedad que la hacía estar muy delgada y con poco apetito.

Clotilde, administradora

En 1904, se instalaron en una casa con jardín en la calle Miguel Angel de Madrid. En aquellos momentos Clotilde ya había tomado el papel de administradora, no sólo del hogar, sino también de las actividades de Sorolla, preparando exposiciones, llevando la contabilidad de los gastos e ingresos obtenidos por los cuadros.

Joaquín Sorolla, su mujer y sus hijos. Fotografia de Antonio García Peris. 1900/1901; ©RCastañeda

En 1906 Sorolla realizó la primera exposición individual en París con más de 500 obras.

En 1907 Clotilde y los niños se fueron a pasar una temporada al Pardo, ya que a María se le había diagnosticado una tuberculosis de la que se recuperó bien.

En ese mismo año Sorolla realizó su segunda exposición individual en Berlín, Düsseldorf y Colonia. Pero esta vez Clotilde no pudo ayudarle en la organización y, de hecho, ni siquiera él pudo asistir por estar los dos ocupados con la salud de su hija. Probablemente estos hechos hicieron que no obtuviera el éxito previsto.

A finales de año Sorolla fue a Valencia para preparar cuadros para su futura exposición en Londres.

En 1908, en Sevilla, Sorolla pintó el cuadro de la reina Victoria Eugenia con manto de armiño que presidiría su exposición en Londres.

‘Retrato de la Reina Victoria Eugenia con manto de armiño’; ©RCastañeda

Éxito en Estados Unidos

En 1909 la familia viajó a Nueva York para la exposición con la que se inauguraba la Hispanic Society de Nueva York bajo los auspicios de Archer Milton Huntington. Sorolla pintó el retrato del presidente de USA, W.H. Taft.

Sorolla pintando. Fotografía de Christian Franzen y Nissen . 1906; ©RCastañeda

Ese mismo año Sorolla viajó a París con su cuñado para pintar al millonario americano Thomas Fortune Ryan. Este le encargó tres cuadros, el primero fue Cristóbal Colón saliendo del Puerto de Palos el día 3 de agosto de 1492.

En 1910 la familia viajó a Sevilla y Granada. Sorolla quería enseñarles aquellos lugares que tanto interés habían despertado en él.

Después Sorolla fue a Burgos y Segovia buscando temas castellanos para sus próximas exposiciones en Estados Unidos.

Retrato de Clotilde, 1891; ©RCastañeda

El verano lo pasaron todos en Zarauz.

Comenzaron las obras de su nueva casa en General Martínez Campos y que se convertiría en el actual Museo Sorolla.

En este año realizó varios de los más conocidos retratos de Clotilde como Clotilde en traje de noche o Clotilde sentada en el sofá.

`Clotilde en traje de noche’; ©RCastañeda

 

En 1911, Clotilde y Sorolla viajaron a Chicago y Saint Louis para presentar la exposición ‘Joaquín Sorolla y Bastida’.

Cuando regresaron pasaron por Londres donde estaba estudiando su hijo. Después estuvieron un mes en París y pasaron el verano en San Sebastián. Allí pintó Sorolla el cuadro La siesta.

‘La siesta’; ©RCastañeda

Contrato con la Hispanic Society

En noviembre Sorolla viajó a París donde firmó el contrato con Archer Huntington para la elaboración de la decoración de la Biblioteca de la Hispanic Society of America.

La idea era reflejar en los cuadros las costumbres, los trajes populares y los trabajos artesanos ya que tanto Huntington como Sorolla pensaban que con el tiempo iban a desaparecer. De hecho a veces le resultó difícil conseguir los complementos originales de los trajes y tuvo que encargarlos.

Desnudo de mujer, 1910;©RCastañeda

A partir de 1912, Sorolla estuvo inmerso en el trabajo para la Hispanic Society que le obligó a viajar por todo el territorio español. Las condiciones para hacerlo no eran las mejores. No había buenas carreteras ni buenos hospedajes. Comenzó sus viajes por Castilla.

En 1913, Sorolla pintó el primer cuadro para la Hispanic Society, sería el más grande y estaba dedicado a Castilla. Viajó también a París para realizar otro retrato de Thomas Fortune Ryan.

A finales de año Joaquín hijo tuvo un accidente de moto en Londres donde seguía estudiando. Esta vez fue Clotilde la que se fue sin Sorolla. Junto a su hija Elena estuvo en Londres mientras su hijo se recuperaba.

Perfil de Clotilde, 1894; ©RCastañeda

En 1914, Sorolla comenzó el cuadro dedicado a Andalucía. El verano lo pasaron en San Sebastián y en Jaca. Sorolla pintó los paneles de Navarra, Aragón y las Vascongadas.

Su hija María se casó ese año con Francisco Pons Arnau.

A partir de octubre fueron a Sevilla donde Sorolla pintó ‘El encierro’.

La madre de Clotilde enfermó y tuvieron que ir a Valencia. En diciembre falleció. Tras el entierro todos regresaron a Sevilla.

Cansancio

En 1915, Sorolla siguió pintando los paneles dedicados a Andalucía. Mostraba ya síntomas de cansancio y decidieron ir a Valencia a descansar. Allí pintó cuadros sin relación alguna con el encargo de la Hispanic Society.

Clotilde en el estudio, 1900; ©RCastañeda

Viajaron después a Villagarcía de Arosa donde comenzó los paneles dedicados a Galicia.

En enero de 1916, Sorolla comenzó el panel dedicado a Valencia a donde viajó sólo. Ese año organizó la Exposición de las Juventudes Valencianas. En ella presentaron obras tanto María como Elena, al igual que el yerno de Sorolla.

En 1917, Sorolla viajó con Alfonso XIII a Granada. Nació su primer nieto. En otoño pintó el panel sobre Extremadura. Su salud iba empeorando.

Clotilde García del Castillo, 1890; ©RCastañeda

En 1918, murió el padre de Clotilde. Sorolla quiso pintar un cuadro sobre El Palmeral y viajó a Alicante y Elche con su hijo, pero éste se puso enfermo y hubo de desistir del proyecto. Lo retomó posteriormente acompañado por sus discípulos Alfredo Carreras y Emilio Varela. No regresó a Madrid hasta comienzos de 1919.

En 1919, realizó el último panel para la Hispanic Society, ‘La pesca del atún‘, en Huelva.

Sorolla y Clotilde, 8 de junio 1922 (anónimo) , ©Museo Sorolla

En 1920, en junio, Sorolla sufrió una hemiplejia mientras pintaba el retrato de la mujer de Ramón Pérez de Ayala. Sería por tanto su hijo Joaquín el que tuvo que encargarse del montaje de la exposición en Nueva York.

Se trasladaron a Cercedilla para que Sorolla pudiera recuperarse mejor. Falleció tres años después.

Clotilde, viuda, con su hijo hacia 1923 (anónimo),  ©Museo Sorolla

Clotilde y Sorolla: un tandem perfecto

A partir de la muerte de Sorolla, Clotilde siguió dedicándose a la obra de su marido y a su familia.

A lo largo de su vida en común se escribieron más de 2.000 cartas en las que quedó reflejado el gran amor que sentían el uno por el otro. En su correspondencia queda patente que para ambos la carrera de Sorolla como pintor era la meta principal.

Clotilde con traje gris, 1900; ©RCastañeda

Las cartas

En sus cartas se refleja la gran tristeza que significaba para ambos el tener que estar separados por motivos de trabajo, pero comprendían que era por el bien de la obra de Sorolla. En un principio parece que Clotilde incluso mostraba ciertos celos por las actividades sociales de Sorolla, pero para él Clotilde siempre sería su musa y su compañera. Además dejó claro en alguna de sus cartas que la fidelidad era algo primordial para él y que ante todo estaba su pintura y su familia. También Clotilde comentaría más de una vez que su gran rival no era una mujer, sino la pintura.

Clotilde con los hijos, día de Reyes. 1900; ©RCastañeda

Clotilde, sobre todo al principio del matrimonio, todavía daba ciertas muestras de inseguridad. ¿Cómo podía un genio como Sorolla fijarse en una mujer tan ‘fea’ como ella? Con el tiempo el carácter de los escritos cambió. Aunque muchas veces firmaba como ‘tu fea’, notamos que Clotilde se sabía segura del amor de Sorolla y que era consciente de que él necesitaba su apoyo.

Clotilde como modelo

Durante muchos de sus viajes Sorolla dedicó tiempo para comprar ropas y complementos tanto para Clotilde como para sus hijas. Muchas veces teniendo ya en mente ropas que quería mostrar en futuros cuadros.

Para Sorolla su mujer y sus hijos fueron fuente constante de inspiración. Los retrató de una y mil maneras. A través de Clotilde Sorolla refleja la vida familiar y también el mundo elegante de la burguesía. A través de sus cuadros de Clotilde el maestro experimentaba nuevas formas que pudieran dar más difusión a sus cuadros. Sus retratos de Clotilde servían también como muestrario de posibles encargos.

Clotilde con gato y perro. 1919/1920; ©RCastañeda

Clotilde era para Sorolla no sólo su mujer y madre de sus hijos, como refleja en múltiples cuadros y tablitas, sino también el sinónimo de elegancia y clase. No necesitaba otras modelos, puesto que ella lo era todo para él.

La pintura lo es todo

Por otro lado, vemos como Clotilde se quejaba de las constantes separaciones, pero no le quedaba más remedio puesto que tenía que ocuparse de sus hijos.

SIn embargo queda patente que si no fuera por eso habría estado siempre con Sorolla. Aceptó el compromiso del matrimonio que implicaba que había de someterse a la pintura de Sorolla. Sin embargo Clotilde no era la típica mujer que estaba en casa aguardando al marido. Tomó parte activa en el trabajo de Sorolla organizando exposiciones, listando los cuadros, contabilizando. Haciendo todo aquello que Sorolla no podía hacer. Los dos eran un tandem perfecto al servicio de la pintura que se imponía como objetivo final.

La Caleta, Málaga. 1910; ©RCastañeda

Ya al final de sus días Clotilde decidió ceder la obra de Sorolla y su casa al Estado español. Por un lado convirtió así a Sorolla  en un bien de la nación y a su familia en benefactores. No sólo ella cedió sus cuadros a la nación, también lo harían después sus hijos.

La exposición que el Museo Sorolla dedicó a Clotilde en el año 2012 fue una muestra del gran amor que el pintor sintió tanto por ella como por sus hijos dejándonos momentos de su vida diaria como iconos de la pintura.

Fuentes:

‘Clotilde de Sorolla’. Catálogo. Varios autores. Fundación Museo Sorolla. 2012
‘Sorolla y la moda’. Catálogo. Varios autores. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid-Museo Sorolla, 2018
‘Joaquín Sorolla 1863-1923’. Catálogo. Varios autores, Museo Nacional del Prado, 2009
‘Epistolarios de Joaquín Sorolla. II. Correspondencia con Clotilde García del Castillo’, Anthropos, 2008

 

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